jueves, 16 de diciembre de 2010

En esta triste soledad desciendo

En esta triste soledad desciendo incierto,
dudoso, titilando, a punto de apagarme
ahora a oscuras,
sin la vela de tu mano que yace en la superficie,
acampando a mi suerte a orillas de este abismo.

Caricia de la madre sustituida por el sonido de un piano,
amor de tu boca que no puede llenarse
ahora lo que recibo es un viento frío que no besa
más que con las uñas como cuchillos de odio que no tienen oídos
a mi espalda otrora selva fértil y bailante

hoy desierto de sangre y lágrimas que escurren
desviadas por la vereda de mis hombros
hacia un violín
que nunca alcanzan.

Mis palabras se mueren aniquiladas por la ausencia de tu oído
mi clamor no es clamor sino naturaleza
y se congela al tacto de la ausencia
de tus manos de fuego,
de tus ausencias nevadas.

Me río antes de apagarme y sumergir mi cuerpo
mi cuerpo de fuego
en este mi río;
en este mar frío, yo ausente en tu presencia
porque no hay tal
es un engaño como los planetas,
como las nubes que no toqué nunca
que noto que nunca
serán tu caricia,
serán más que lluvia...

y mi última risa
también se ahoga
en el mar del viento
solidificado
por.


¡Exploto en un spleen no me contengo

¿para qué?

Mi manto es ahora el frío y no tus brazos

[que amé]

Descubrí la ficción de...

¿puedo decirlo?

No

estaría muerto ya
                                                                                                                                                
Es que esto ya está muerto.


Lo sé.


No hay comentarios:

Publicar un comentario